La Gran Guerra también se trasladó al cielo. Antes de la irrupción de los cazas, que intensificaron los combates, las ciudades fueron atacadas desde el aire por enormes dirigibles con estructura de aluminio, llenos de gas y demasiado vulnerables: los zeppelines
Dirigible Schutte-Lanz 11
Construido en 1911 con madera y alambre, ante la escasez de aluminio en Alemania, el 3 de septiembre de 1916 arrojó bombas incendiarias y explosivas sobre Inglaterra y fue derribado por la aviación británica. Tenía celdas que se rellenaban de hidrógeno, un gas tan inflamable que dejaría paso al helio. El consumo de combustible iba aligerando al zeppelín. Este ascenso se compensaba dejando escapar gas. Tenía una estructura de anillos o cuadernas maestras (circulares) se unían con la cuadernas intermedias (horizontales) y entre sí con las riostras (en forma de aspa). Luego se cubrían con planchas finas. El armamento además de las bombas tenía un puesto de tiro sobre la proa con dos ametralladoras Parabellum de 7,92 mm, sujetas en afustes orientales. La Barquilla motriz era el motor principal, tenía cuatro motores de émbolo Maybach HSLu con una potencia unitaria de 240 hp y un telégrafo de órdenes. Las restantes contaban también con hélice. En la barquilla de mando se manejaban los motores y la radio y se fijaba el rumbo -timones de altura y dirección, y aletas superior e inferior, todo ello en la popa-.
La progresión armamentística
Ametralladora: El holandés Anthony Fokker, ingeniero al servicio de Alemania, aplicó a sus aviones en 1915 el tiro de ametralladora sincronizado a través de la hélice.
Primeras bombas: En los inicios de la guerra aérea, los bombardeos eran efectuados manualmente por los pilotos.
Cañones antiaéreos: El carácter mortífero que fue adquirieron la aviación llevó a los ejércitos a desarrollar toda clase de cañones y baterías antiaéreas.
Un objetivo diferente al de la Segunda Guerra Mundial
Los bombardeos aéreos, ya practicados antes de 1914 por la aviación española sobre Marruecos y por la aviación búlgara sobre Rumanía, fueron anecdóticos en el transcurso de la Gran Guerra -. Los aviones se consagraron principalmente a combatir entre ellos.
Los aviones triplanos Fokker volaban a 4000 m de altura a 165 km/h, con una autonomía de vuelo de hora y media o 300 km. Sus dos ametralladoras tenían una capacidad de 500 disparos cada una.
El Barón Rojo, una leyenda de la aviación
El piloto alemán Manfred von Richthofen (1892-1918), llamado el Barón Rojo por el color de su avión, fue el combatiente más célebre de la Primera Guerra Mundial: abatió ochenta cazas rivales en su carrera, una plusmarca absoluta, antes de sucumbir al fuego cruzado de artilleros australianos y pilotos canadiense. Su trayectoria militar insufló moral de victoria al ejército alemán.
Caballeros del aire: Los hermanos Richthofen fueron fieles al código de honor de los primeros aviadores: nunca atacaban sin aviso y saludaban respetuosamente a su rival antes de batirse.
Al estallar la Gran Guerra, los aviones sólo cumplían tareas de observación, pero pronto surgieron los cazas, dotados de armamento. Su eficacia y el concepto de dominio del aire llevaron a los países beligerantes a construir 200.000 aviones entre 1914 y 1918. La aviación militar emprendió un desarrollo extraordinario.
Principios y evolución
Los dirigibles, de estructura rígida, eran propulsados por motores y hélices y gobernados por timones y aletas. Su cobertura de tela sujetaba una góndola de pasajeros que albergara el puente de mando. Se llenaban de un gas más ligero que el aire.
Los pioneros: Los primeros proyectos datan a finales del siglo 19. Algunos fueron tan insólitos como éste del alemán David Schwarz, construido en 1897.
Santos Dumont: La construcción de dirigibles no rígidos fue impulsada por el ingeniero brasileño Santos Dumont, aquí a bordo de un modelo que data de 1898.
Zeppelín LZ 1: El primer dirigible rígido de la historia fue creado por el oficial alemán Ferninand von Zeppelín (1900). Tenía estructura de aluminio y dos góndolas.
Parseval (PL): Modelo semirígido por la presión interna de gas, obra del oficial alemán Parseval (1906), convivió con los Zeppelín hasta el fin de la Gran Guerra.
Hindenburg: En 1937, el accidente del Hindenburg puso fin al transporte de pasajeros, usual en el período de entreguerras. Fallecieron 36 personas.
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