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jueves, 9 de agosto de 2012

Batalla de la Primera Guerra Mundial





La Batalla de Vittorio Veneto enfrentó a las fuerzas armadas de Italia con las del Imperio Austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial y significó la derrota definitiva del Imperio. Aconteció entre los días 23 de octubre y 2 de noviembre de 1918 en la localidad del mismo nombre, al norte de Italia, cerca de la actual frontera con Austria.
Durante la Batalla de Caporetto del 24 de octubre de 1917 hasta el 9 de noviembre del mismo año, los italianos perdieron 300.000 hombres entre desaparecidos, capturados y muertos. Esto forzó a que el comandante supremo italiano el General Luigi Cadorna fuera destituido y en su lugar fue nombrado el General Armando Diaz. Diaz organizó nuevamente las tropas, bloqueó el avance enemigo y estableció una línea de frente estable en el río Piave. Ahí recibió refuerzos y provisiones para enfrentar el ataque que según la inteligencia italiana los austriacos realizarían pronto, pero no fue así: solo hubo enfrentamientos ligeros entre las avanzadas de ambos ejércitos. El combate principal no ocurrió hasta dentro de un año, el 23 de octubre de 1918.
Los italianos recibieron más de 270.000 hombres, así que pronto se hicieron muy superiores a los austriacos, que solo contaban con 330.000 soldados. El número de tropas italianas subió de 10.000 a casi 370.000 el 23 de noviembre, pues Diaz recibió el apoyo adicional del Octavo y el Duodécimo ejércitos provenientes de Verona.
El ejército italiano cruzó el río Piave y atacó las posiciones de vanguardia austriacas, arrollando por completo a dos divisiones enemigas. El avance aquel día 23 de octubre llegó hasta Trento pero fue detenido por unos cuantos días por el fuerte atrincheramiento de los austriacos y su artillería pesada apostada a las afueras de Trento que empezó a hacer estragos en la población civil y en los soldados italianos.
El general Rodolfo Graziani, jefe del duodécimo ejército italiano, atacó el día 1 de noviembre al grueso de las trincheras austriacas, logrando penetrar con carros de combate blindados y posteriormente capturar dos piezas de artillería pesada, así el ejército austrohúngaro quedo dividido en dos, situación que aprovechó Diaz para mandar un ataque por el sur, logrando bloquear la retirada de sus enemigos, causándole muchas bajas.
Finalmente, el 2 de noviembre, el mariscal de campo Svetozar Boroevic Von Bojna ordenó la retirada hacia territorio austrohúngaro, dejando a merced de los italianos a 300.000 soldados que se rindieron.
La derrota en esta batalla del ejército de Austria-Hungría, significó el desmembramiento del Imperio y la derrota también de Alemania, que se vio imposibilitada de abrir otro frente al Sur, pues todas sus tropas estaban concentradas en Francia al Oeste y en la actual Polonia al Este.

Imagen 1: Svetozar Boroevic Von Bojna, comandante de las fuerzas austrohúngaras en el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial
Imagen 2: Mapa de la Batalla de Vittorio Veneto
Imagen 3: General Armando Díaz, comandante de las fuerzas italianas en la batalla de Vittorio Veneto

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sábado, 9 de abril de 2011

Batallas de la primera guerra mundial


La Batalla de Verdún fue la más larga de la Primera Guerra Mundial, y la segunda más sangrienta tras la Batalla del Somme. En ella se enfrentaron los ejércitos francés y alemán entre el 21 de febrero y el 19 de diciembre de 1916, alrededor de Verdún, en el nordeste de Francia. El resultado fue de un cuarto de millón de muertos y alrededor de medio millón de heridos entre ambos bandos.

La batalla se popularizó por el famoso «¡No pasarán!» dicho por el comandante francés Robert Nivelle.

En el terreno donde se llevaron a cabo los enfrentamientos se construyó un memorial donde reposan mezclados los restos de miles de soldados de los dos países que no pudieron ser identificados.

El territorio de Verdún fue desde siempre un lugar inexpugnable durante toda la historia desde Atila hasta la Guerra Franco-prusiana. En 1914 era un lugar simbólico y estaba magníficamente fortificado y con apoyo de artillería.

Después de que los alemanes fracasaran en conseguir una victoria rápida sobre Francia, la lucha en el frente occidental se convirtió en una Guerra de trincheras.

En 1915 el comandante en jefe alemán Erich von Falkenhayn planeó un ataque a Francia, desoyendo los consejos de Hindenburg, que prefería terminar totalmente con el frente ruso y esperar a que Serbia fuera también definitivamente aplastada. El plan consistía en una guerra de desgaste contra las tropas francesas para conseguir el mayor número de bajas de soldados y de material. La situación de los aliados era bastante preocupante pues aunque habían frenado en diversas ocasiones a los Imperios Centrales, éstos se hallaban en disposición de lanzar un ataque masivo en Francia si lograban acabar con el frente oriental, y probablemente ese ataque sería definitivo. Mientras que los aliados planeaban un ataque conjunto de Francia, Gran Bretaña, Rusia e Italia a ambos lados del río Somme el Estado Mayor alemán presentaba sus planes al káiser Guillermo II. El plan alemán se basaba en que el mayor enemigo era Inglaterra y su "mejor espada" era el ejército francés, por ello se veían obligados a desangrarlo.

La elección de Verdún fue decidida debido a que Verdún, dividida en dos por el río Mosa, era una antigua fortaleza que había sido considerada a lo largo de la historia de Francia como un paso vital para introducirse en el centro del país: era la más imponente de las construidas por Luis XIV, y había permitido a Joffre recobrarse en el Marne. Por todo esto, los franceses se verían obligados a defender la plaza con todas sus fuerzas. Además la plaza estaba muy debilitada debido a que gran parte de sus piezas de artillería habían sido desplazadas de sus fortalezas para la ofensiva de Champagne, las tropas se hallaban aletargadas, y apenas había comunicaciones entre las fortalezas. Los alemanes habían reunido 140.000 hombres y unos 1.220 cañones de los mayores calibres para terminar de aniquilar este sector defensivo francés.

El ataque alemán se inició el 21 de febrero de 1916, con un retraso de varios días debido a las inclemencias meteorológicas. El 5º Ejército alemán bombardeó con dos millones de bombas un terreno de 40km durante dos días, causando unas 20.000 bajas a los franceses y conquistando una serie de aldeas en poco tiempo, lo que les permitió plantarse ante los fuertes que defendían la ciudad, siendo el más poderoso el más rápido en caer (Fort Douaumont), y controlando las líneas de suministro que llegaban desde el río Mosa. Los alemanes usaron lanzallamas contra las trincheras francesas. Este primer ataque duró hasta el 2 de marzo y las pérdidas fueron considerables para ambos bandos.

Pese a estos exitosos avances alemanes, la defensa francesa, organizada ahora por Petáin, desarrolló un sistema de rotación de efectivos y armas, que unido a la superioridad aérea francesa y al uso de vehículos civiles para el abastecimiento por la única carretera que no había sido destruida, provocó que el avance frontal germano fuera imposible. Los alemanes entonces se dedicaron a atacar los flancos y se lanzaron hacia la colina de Le mort Homme y a la cota 304 el 6 de marzo, y el día 8 a Fort Vaux. En tres meses los alemanes capturaron Cumières y Chattancourt en el oeste de Verdún, y Fort Vaux en el este sobre el 2 de junio.

El temor a la derrota comenzaba a planear en ambos bandos debido a las incontables bajas que se estaban produciendo, y Petáin y el príncipe Guillermo comenzaron a ser desplazados por los más crueles Robert Georges Nivelle y Von Knobelsdorf.

El siguiente objetivo alemán fue Fort Souville. El 22 de junio bombardearon las defensas francesas con Gas venenoso y al día siguiente atacaron con 60.000 hombres, tomando la batería de Thiaumont y la villa de Fleury, pero fueron incapaces de tomar Souville, y la lucha se prolongó hasta el 6 de septiembre.

Inesperadamente, el avance germano tuvo que ser paralizado debido al ataque realizado por el general ruso Brusilov sobre los austríacos, que obligó al desplazamiento de tres divisiones alemanas a la zona del ataque. La reanudación de la Batalla del Somme obligó a los alemanes a retirar algunas de sus piezas de artillería de Verdún para defenderse de la ofensiva anglo-francesa en el norte, justo en el momento en el que Petáin había solicitado a Joffre la retirada, y la moral francesa se encontraba por los suelos.

En otoño los soldados alemanes estaban exhaustos, y el comandante en jefe Von Falkenhayn había sido reemplazado en favor de Paul von Hindenburg y por su co-comandante Erich Ludendorff.

Los franceses lanzaron una contra-ofensiva en octubre de 1916. Fort Douaumont fue bombardeada duramente, y capturada el 24 de octubre. El 2 de noviembre los alemanes perdieron Fort Vaux y se retiraron. La batalla terminó el 11 de diciembre cuando los franceses lograron que los alemanes se retiraran a sus posiciones de febrero.

Los alemanes consiguieron más bajas del lado francés, a pesar de superar en número de soldados a los franceses y haberse retirado. Las bajas fueron espantosas en ambos bandos debido a nuevos tipos de armas como el lanzallamas y el gas venenoso. En ambas naciones quedó un sentimiento de abatimiento debido al enorme esfuerzo humano y bélico realizado para no obtener casi nada a cambio.

sábado, 2 de abril de 2011

Batallas de la primera guerra mundial


La Batalla de Tsingtao consistió en el asalto aliado al puerto alemán de Tsingtao (actual Qingdao, en la península china de Shandong) en el marco de la Primera Guerra Mundial. El enfrentamiento culminó con la derrota alemana a manos de las fuerzas combinadas de Japón y el Reino Unido. Tsingtao fue la mayor batalla de la I Guerra Mundial librada en el frente de Extremo Oriente-Pacífico y la primera de la Historia en que se enfrentaron los ejércitos de Alemania y Japón.

Desde su unificación en 1871, el Imperio Alemán había caído en una espiral de militarismo y expansión territorial que pretendía situar al país entre las mayores potencias mundiales del momento, en pie de igualdad con los imperios británico y francés. Esto incluía el establecimiento de colonias en ultramar y la intervención en los asuntos internos de la debilitada China de los Qing. Tras el asesinato de dos de sus misioneros en 1897, los alemanes obligaron a los chinos a cederles la ciudad de Kiaochow, en la provincia de Shandong, durante un periodo de 99 años, una concesión similar a la que los británicos habían conseguido en los nuevos territorios de Hong Kong tras el final de la Segunda Guerra del Opio. Desde Kiaochow, los alemanes extendieron rápidamente su influencia al resto de Shandong y construyeron un importante puerto militar en Tsingtao, que se convirtió en la principal base de la Kaiserliche Marine en el Pacífico y el lugar desde donde se dirigían las colonias alemanas menores en Oceanía, como las Marianas recién adquiridas a España en 1899.

La presencia alemana en Shandong fue vista por las otras potencias europeas como una amenaza a sus intereses en China, por lo que comenzron a capturar una serie de localidades portuarias chinas como medio para reducir la influencia alemana sobre la región. Así, los británicos conquistaron Weihaiwei, los rusos Lüshunkou (conocida en Occidente como Port Arthur) y los franceses Kwang-Chou-Wan. Los británicos también establecieron cada vez relaciones más estrechas con los japoneses, la potencia emergente en la zona. El 30 de enero de 1902 se firmó la Alianza Anglo-Japonesa, que establecía la cooperación militar entre ambos países. Ésta se reforzó aún más tras la victoria japonesa en la guerra contra los rusos de 1905, que expulsó a éstos del Mar Amarillo y dio la bienvenida a Japón dentro del club de las grandes potencias.

Tras el estallido de la I Guerra Mundial en agosto de 1914, los británicos solicitaron rápidamente el apoyo japonés, en virtud de los tratados de cooperación entre ambos países. El militarismo se encontraba en auge en el país y el Primer Ministro, Okuma Shigenobu, pensó que podría frenar las aspiraciones de los militares sobre el gobierno japonés si mantenía una estrecha relación con los británicos. Por ello, Japón lanzó el 15 de agosto un ultimátum a Alemania exigiéndole la evacuación inmediata de las aguas sino-japonesas y la entrega de Tsingtao al gobierno japonés. El 23 de agosto expiró el plazo y Japón declaró la guerra a Alemania.

La declaración de guerra llegó en un momento en que Tsingtao no estaba especialmente protegido, pues la escuadra de Maximilian von Spee había dejado el puerto para asegurar las Islas Marianas frente a una posible invasión británica y desde allí (con la excepción del SMS Emden, que había partido hacia el Océano Índico), se había dirigido a las costas de Sudamérica, donde destruyó la obsoleta flota de Christopher Cradock en el sur de Chile antes de ser ella misma destruida en un intento por capturar las Islas Malvinas.

El primer movimiento de la Armada Imperial Japonesa consistió en el envío de una flota dirigida por el Vicealmirante Sadakichi Kato a la bahía de Jiaozhou con el fin de bloquear Tsingtao, lo cual comenzó a realizarse el 27 de agosto. En el curso de estas operaciones, la Royal Navy cedió a los japoneses el pre-dreadnought HMS Triumph y el destructor HMS Usk, con el fin de reforzar la flota japonesa, algo obsoleta en comparación con la de las grandes potencias de Europa Occidental. No obstante, los japoneses disponían en ese momento de algunos barcos modernos que también emplearon en la batalla, como el Wakamiya, capaz de portar hidroaviones, los dreadnoughts Kawachi y Settsu y el crucero de batalla Kongo.

A partir del 2 de septiembre se produjeron desembarcos de la 18ª División de Infantería del Ejército Japonés en Lungkou y la bahía de Laoshan, ambas en la península de Shangdong y no lejos de Tsingtao. Los japoneses sumaban un total de 23000 hombres y 142 piezas de artillería; frente a ellos, el Capitán-Gobernador de Tsingtao, Alfred Meyer-Waldeck, apenas contaba con una guarnición de 3000 alemanes apoyados por menos de 1000 chinos y austrohúngaros. En el puerto permanecían algunas naves obsoletas entre las que se encontraba el crucero protegido austro-húngaro Kaiserin Elizabeth, cuya tripulación luchó en tierra junto a las tropas alemanas.

Con el fin de no dejar toda la situación en manos de los japoneses (que probablemente exigirían todo tipo de concesiones en la zona si obtenían una victoria en solitario), los británicos enviaron un contingente simbólico de 1500 hombres desde Tianjin (donde se encontraban como parte de la fuerza estacionada allí desde la supresión de la Rebelión de los Bóxers), comandados por el Brigadier-General Nathaniel Walter Barnardiston.

El gobierno de China, que en esos momentos era neutral en la guerra, protestó por el uso de su territorio a manos de los ejércitos extranjeros, pero no pudo hacer otra cosa más allá de la diplomacia. Como en tiempos de la recién derrocada dinastía Qing, el país seguía siendo sumamente débil e incapaz de oponerse a las injerencias foráneas.

Los alemanes habían sopesado la posibilidad de emprender un ataque preventivo sobre la colonia británica de Weihawei con el fin de sorprender al enemigo, pero esto se rechazó ante la falta de hombres y, sobre todo, municiones. Dividir la guarnición con el fin de iniciar una expedición de éxito más que dudoso no habría hecho otra cosa que complicar aún más su débil situación. Además, el ejército japonés y sus tácticas de combate eran un completo misterio para los alemanes, que nunca se habían enfrentado a ellos, y no había manera de saber si en ese momento optarían por un asalto anfibio directo o un asedio convencional desde tierra. En este caso, era imprescindible saber dónde estaban desembarcando los japoneses (si es que lo hacían), cosa que evidentemente, los alemanes no podían conocer. Durante la tensa espera que siguió al bloqueo del puerto sin que se iniciasen los combates, comenzaron a proliferar todo tipo de especulaciones y rumores entre las filas alemanas, totalmente aisladas del exterior. ¿Estaría de camino la flota de Von Spee tras destruir a los británicos, y los japoneses no se atrevían a atacar con ella en las inmediaciones? ¿Habría presionado Estados Unidos a Japón para que volviese a la no-beligerancia? ¿Sería acaso cierta la historia de que un señor de la guerra chino, descontento con los ingleses, había atacado a las guarniciones británicas en el país y puesto una fuerza de hasta 80,000 hombres al servicio de Alemania?

El retraso japonés al realizar el asalto se debía a dos razones: el pésimo tiempo en la zona, azotada en ese momento por las inundaciones provocadas por un tifón, y la excesiva cautela de los japoneses, que sopesaban la posibilidad de caer en una emboscada alemana de un momento a otro. El 13 de septiembre, ambos bandos se vieron por fin las caras, al producirse el asalto de un puesto de guardia alemán en Tsimo, en la frontera del protectorado, a manos de un cuerpo de la caballería japonesa. Tras una pequeña escaramuza, los alemanes abandonaron la posición y se retiraron hacia Tsingtao. Los japoneses avanzaron entonces, cortaron la línea de ferrocarril de Shangtung, y trataron seguidamente de bloquear las carreteras construidas por los alemanes, aislando de forma completa el enclave. El 18 de septiembre la flota japonesa abrió fuego contra la playa de Lao Schan y la infantería se desplegó con el fin de asegurar el control sobre Tsimo. Un nuevo enfrentamiento con otro puesto de vigilancia alemán en el paso de Hotung, esta vez más violento, dio lugar al comienzo formal del asedio.

Mayer-Waldeck decidió retirar sus fuerzas de la primera línea de defensa y concentrarlas en la segunda y tercera, con el fin de garantizar una defensa más compacta. El conocer la situación en las filas enemigas comenzó a ser entonces un problema para ambos bandos, pero gracias al uso de hidroaviones, los japoneses consiguieron una información mejor de la situación de los barcos, defensas y daños causados a los alemanes. Los dos bandos trataron así mismo de conseguir información por medio de los civiles chinos en la zona, convertidos en improvisados espías. Por lo general, éstos se decantaron del bando japonés, pues estaban descontentos con la prepotencia mostrada por los alemanes desde que invadieran la zona 17 años antes. La información que brindaban a los alemanes acerca de las bajas japonesas era siempre exagerada. Es posible que estas informaciones animaran a Mayer-Waldeck a realizar un pequeño contraataque en las cercanías de Tsimo, a cargo de una pequeña fuerza de 130 hombres apoyados por 4 ametralladoras que atacó por sorpresa un puesto avanzado japonés. No obstante, los japoneses mantuvieron la calma y obligaron a los alemanes a retirarse de nuevo. Poco después llegaron a Lao Schan los refuerzos británicos.

El 26 de septiembre Kamio ordenó un avance general. Se sucedieron escaramuzas de diversa consideración en el camino, pero poco a poco los puestos alemanes de la segunda línea fueron cayendo uno tras otro, muchos de ellos sin derramamiento de sangre, simplemente abandonados por los alemanes, que se retiraban hacia la última línea de defensa. Los barcos alemanes fondeados en el puerto abrieron fuego y destruyeron un puesto japonés levantado sobre una colina; esto hizo que Kamio ordenara entonces a Kato que bombardease la flotilla enemiga.

Los días 27 y 28 de septiembre el tiempo empeoró aún más, pero los japoneses decidieron proseguir con su avance, incluso en medio de la noche. Kamio ordenó atacar entonces la pequeña fortaleza de la colina Príncipe Heinrich (última de importancia en la segunda línea de defensa), en la que los alemanes ofrecieron una resistecia más dura de la esperada. El combate, prácticamente a oscuras, se saldó con la muerte de 24 japoneses y 6 alemanes. Los 54 germanos restantes ofrecieron entonces entregar la posición a cambio de que se les permitiese retroceder a Tsingtao, cosa que los japoneses no aceptaron, por lo que fueron hechos prisioneros por los nipones. Por otra parte, el fuego aliado sobre los barcos alemanes obligó a éstos a retirarse a su vez hacia el interior del puerto.

Los alemanes emprendieron un nuevo contraataque el 2 de octubre, enviando 3 compañías para comprobar la situación. Una encontró una trinchera japonesa vacía, mientras que las otras fueron sorprendidas por tropas enemigas, iniciándose un combate que se saldó con 29 soldados alemanes caídos y 6 prisioneros. No obstante, los alemanes (seguramente espoleados por los falsos informes chinos) calificaron la acción como un éxito al creer que habían infringido graves bajas al enemigo. La llegada de los británicos fue interpretada erróneamente como un indicativo de que los japoneses estaban siendo sobrepasados y necesitaban refuerzos. La momentánea inutilización del Triumph, que debió retirarse de los enfrentamientos en el puerto, fue también vista como un nuevo rayo de esperanza, aunque la nave fue reparada y volvió a su puesto en poco tiempo.

El 15 de octubre se produjo la llegada de un nuevo tifón que produjo aún más inundaciones y 25 soldados japoneses murieron ahogados. No fue el único revés para los aliados: dos días más tarde, el viejo destructor alemán S90 rompió el bloqueo aliado sobre el puerto al lanzar un torpedo contra el crucero ligero Takachiho, hundiéndolo y escapando en busca de otro puerto chino en medio de la noche. Junto con el barco japonés se hundieron 253 de los 256 hombres que componían su tripulación. Sin embargo, este éxito comprometió a su vez la seguridad del puerto alemán, ya que sólo quedaban dos barcos en pie que defendiesen éste: el Jaguar y el Kaiserin Elizabeth. El 22 de octubre 80 soldados alemanes dirigieron un último ataque sobre las filas japonesas, pero fueron fácilmente repelidos.

Entre el 29 y 31 de octubre, con el temporal ya extinto, los navíos japoneses al completo iniciaron un nuevo bombardeo masivo de la fortificación alemanas, mientras que la artillería japonesa hacía lo propio desde tierra. Esto destruyó por entero las defensas alemanas. Los proyectiles, grandes obuses de 11 pulgadas, siguieron lanzándose de forma continua tanto de día como de noche, con el fin de evitar que los sitiados pudieran realizar reparaciones de ningún tipo. Protegida por el fuego de sus compañeros, la infantería japonesa cavó nuevas líneas de trincheras que cerraban cada vez más el cerco sobre Tsingtao. Tras intercambiar disparos con una patrulla de reconocimiento japonesa, Meyer-Waldeck decidió que las tripulaciones del Jaguar y el Kaiserin Elizabeth (que ya no podían hacer gran cosa en el mar) tomaran tierra y se sumasen a la defensa en las líneas.

El mando japonés ordenó entonces que cada día se avanzase 300 metros, al término de los cuales se cavaría una nueva línea de trincheras. El amanecer del 4 de noviembre una compañía de infantería e ingenieros atacó la estación de bombeo que surtía de agua a la fortaleza y la tomó sin grandes problemas junto con 21 prisioneros. Los alemanes tuvieron que hacer uso entonces de los pozos de emergencia que había en el interior de la base para no morir de sed. Esa noche, los refuerzos británicos (que avanzaban a la par que sus aliados japoneses, pero de forma separada) se encontraron con una zona en la que el nivel freático era demasiado alto como para poder excavar trincheras. El desconcierto desatado en las filas inglesas fue aprovechado por los alemanes, que les causaron 8 muertos y 18 heridos antes de hacerlos retroceder. Este incidente provocó nuevas disputas entre los dos mandos aliados, que se acusaron mutuamente de romper la línea de avance.

No obstante, las operaciones militares prosiguieron como estaba previsto y al día siguiente se consiguió destruir la última batería alemana que quedaba operativa sobre el puerto. Para entonces buena parte de las fortificaciones alemanas estaban en ruinas y era ya obvio que el desenlace se acercaba. Meyer-Waldeck envió entonces su último informe a China, desde donde se retransmitió a Alemania, y esperó el asalto final que se produciría la noche del 6 de noviembre.

Tras algunas maniobras de reconocimiento de la infantería japonesa en las que se intentaba encontrar puntos débiles en la defensa alemana, las tropas aliadas se abalanzaron sobre la última línea de defensa y consiguieron romperla. Los combates se produjeron en su mayor parte en las zonas de acceso a los búnkeres que servían de último refugio a los sitiados y se redujeron en su mayor parte a cargas de bayoneta, ya que la oscuridad y lo angosto del campo de batalla impedían realizar un gran número de disparos. Incluso se produjo un combate a espada entre un capitán japonés y un teniente germano. Para la mañana del 7 de noviembre, los británicos y japoneses ya controlaban Tsingtao. Meyer-Waldeck ordenó entonces la rendición de la plaza y las tropas que aún combatían. Las últimas bajas de la batalla las pondría la tripulación de un torpedero japonés que chocó contra una mina cuando trataba de fondear en el puerto, el 10 de noviembre.

Los sitiados perdieron 199 hombres y el resto fueron hechos prisioneros. Por su parte, los británicos tuvieron sólo 16 muertos, mientras que los japoneses fueron los peor parados con 3 naves hundidas y más de 700 caídos. Aún así, los costes fueron escasos para los vencedores si se tiene en cuenta que lo que estaban asaltando era una gran fortaleza y base naval. Durante años, los medios alemanes propagarían la falsa información de que la batalla de Tsingtao había costado cerca de 12,000 bajas a los aliados. El puerto fue cedido a los japoneses, y los barcos que todavía eran aprovechables (como el Kaiserin Elizabeth) fueron confiscados por los británicos, que los usarían en la contienda.

La caída de Tsingtao, alrededor de dos meses después de la conquista de la Nueva Guinea Alemana por fuerzas australianas, terminó con la última gran base alemana en el Pacífico. En los días siguientes se produciría la fácil ocupación de las últimas colonias alemanas en la zona como las islas Salomón, las Marianas, Carolinas, Palau y Marshall, en su mayoría por fuerzas japonesas. Debido a esta participación, Japón fue uno de los "cinco grandes" que firmaron el Tratado de Versalles en 1919 y, ya como superpotencia, pudo anexar los territorios ocupados como colonias propias y dar rienda suelta a su expansión sobre China (a la que ya había forzado a aceptar las abusivas Veintiuna demandas en 1915, aunque los occidentales obligaron a los japoneses a retractarse poco después) sin que ninguna potencia occidental tuviese la intención de impedírselo realmente. El expansionismo japonés, que finalmente ocasionaría la rotura de la alianza anglo-japonesa en 1921, la salida de Japón de la Sociedad de Naciones en 1933, la Segunda Guerra Sino-Japonesa (1937-1945) y la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial a partir de 1941, no habría podido desarrollarse de la misma manera si Alemania hubiese podido retener Tsingtao, o si ésta hubiese caído en manos británicas de haberse mantenido Japón en la neutralidad.

Imagen: Mapa alemán de Tsingtao, 1912

sábado, 16 de octubre de 2010

Batallas de la primera guerra mundial


La batalla de Tanga, librada entre los ejércitos coloniales de Gran Bretaña y Alemania, fue el mayor enfrentamiento de la I Guerra Mundial que se desarrolló en suelo africano. El objetivo fallido de los británicos era la ocupación del África Oriental Alemana.

Los mandos británicos decidieron atacar la ciudad de Tanga como primer paso para la conquista de la colonia mediante un ataque anfibio. La plaza, situada en una meseta a sólo 80 km al sur de la frontera con el África Oriental Británica era el puerto alemán más importante de la zona y el final del importante ferrocarril de Usambara. El primer plan de ataque británico consistía en el bombardeo del puerto por parte de barcos de guerra, pero esta idea se abandonó tras firmarse un acuerdo de no agresión con la población, confiando en que podría rendirse a la vista de la flota sin que ésta tuviese que disparar una sola vez (véase "Diplomacia de las cañoneras").

Tras unos días de inactividad llegó a la zona el HMS Fox, que anunció el fin unilateral del acuerdo. La población y las tropas presentes en la ciudad, en un principio formadas por una sola compañía de askaris, se prepararon para el combate. El comandante de las tropas alemanas en África Oriental, Paul von Lettow-Vorbeck, dirigió entonces la movilización de soldados desde las regiones circundantes a la ciudad, hasta contar con 1.100 efectivos con los que plantar cara a los británicos.

Al ver que se producían maniobras alemanas, pero sólo en tierra, el general británico Arthur Aitken asumió erróneamente que los alemanes habían minado la zona que rodeaba al puerto y decidió no bombardearlo. En su lugar, ordenó que la flota marchase 3 millas hacia el sur y desembarcase allí la fuerza de 8.000 reservistas indios con los que planeaba tomar la ciudad. La decisión no pudo ser más errónea, ya que las tropas indias no estaban entrenadas para un objetivo de este tipo y el mando británico no disponía de información sobre la zona de desembarco al no haber mandado exploradores previamente a la región. Tras pasar la noche del 3 de noviembre allí, Aitken ordenó a sus tropas que se dirigiesen hacia la ciudad a la mañana siguiente. No se pudo explorar la zona previamente y las tropas británicas tuvieron que marchar directamente a ciegas, lo que facilitó que cayeran en una emboscada de la guarnición de Tanga, iniciándose así la batalla. Al caer la tarde, tras varias horas de lucha en la selva, los soldados comenzaron a ser atacados por enjambres de abejas salvajes, razón por al cual este enfrentamiento también es conocido como "batalla de las abejas".

A pesar de ser superado por 8 hombres a 1, Paul von Lettow-Vorbeck consiguió mantener a raya las tropas británicas y ordenó un contraataque exitoso, obligándolas a volver a los botes de los que habían desembarcado. En su desordenada huida, los soldados indios abandonaron tras sus pies un gran número de rifles, ametralladoras y más de 600.000 rollos de munición que fueron capturados por las tropas alemanas. En lugar de ensañarse con el ejército en retirada, Paul von Lettow-Vorbeck salió al paso de los soldados que ya embarcaban bajo una bandera blanca y solicitó una conversación amistosa con Aitken, a la que éste accedió. Entonces intercambiaron opiniones en la playa mientras compartían una botella de brandy. El comandante alemán también ordenó a los médicos de su ejército que atendiesen a los soldados indios heridos.

Esta fácil victoria para los alemanes fue la primera que Paul von Lettow-Vorbeck consiguió en la Primera Guerra Mundial, en la que llegaría a ser imbatible y se convertiría en un héroe a su regreso a Alemania. Para los británicos, Tanga significó la pérdida del factor sorpresa y el abandono de la idea de ocupar el África Oriental Alemana por medio de una única acción rápida, como ya se había puesto en práctica con otras colonias alemanas como Togo, Camerún, Namibia y Nueva Guinea. Seguiría, pues, una larga guerra de 4 años en el este de África, en la que el minúsculo ejército colonial alemán mantuvo en jaque a unas fuerzas británicas compuestas por cientos de miles de hombres y cuya resistencia duró dos semanas más que la del propio Imperio Alemán en Europa.

sábado, 2 de octubre de 2010

Batallas de la primera guerra mundial


La batalla de Stalluponen, que se produjo entre los días 17 de agosto y 23 de agosto de 1914 en Stalluponen, en la Prusia oriental alemana, supuso la primera victoria de los ejércitos alemanes sobre los ejércitos rusos en el frente del este durante la Primera Guerra Mundial.

Siendo resultado de las tácticas agresivas del general alemán Herman von François para defender la Prusia oriental ante los avances de los ejércitos zaristas, tanto la planificación como el resultado de la batalla resultaron completamente inesperados para ambos beligerantes.

A mediados del mes de agosto de 1914, muy poco después de desencadenarse las hostilidades entre ambos países, el ejército ruso había iniciado la invasión de los territorios alemanes de la Prusia Oriental. En el extremo este de Alemania, pues, el general ruso Pavel Rennenkampf condujo al 1º Ejército ruso a la ofensiva, teniendo como objetivo final la toma de la ciudad alemana de Koenigsberg, a orillas del Báltico, lo que supondría la ocupación completa de todo el territorio prusiano, acortando notablemente el frente en beneficio de Rusia, que vería aliviada cualquier posible presión en pinza de los Imperios Centrales hacia Polonia y Varsovia.

Tal como preveía el plan Schlieffen, los alemanes iniciaron la guerra estableciendo en el este únicamente un débil cordón defensivo, puesto que la mayor parte de las tropas alemanas habían sido desplegadas en el frente occidental, con la pretensión de derrotar rápidamente a los ejércitos franceses, para después encaminarse hacia el frente oriental para acabar con los ejércitos rusos. No obstante, el general Herman von François, comandante en jefe del I Cuerpo de Ejército, perteneciente al 8º Ejército alemán, estaba convencido de que sus tropas, con un mejor entrenamiento y mejor equipadas que las tropas rusas, se encontraban en una situación idónea para ralentizar, o incluso paralizar definitivamente, el avance de las tropas rusas de Pavel Rennenkampf.

Así, el 17 de agosto, von François se enfrentó a los rusos a pesar de que ello contravenía las ordenes que había recibido de su superior, el comandante en jefe del 8º Ejército alemán, Maximilian von Prittwitz, instrucciones que consistían en emprender la retirada si los rusos ejercían presión sobre su frente de batalla. Cuando Prittwitz tuvo conocimiento de que von François había entablado combate con las tropas rusas, le envió un emisario para ordenarle romper el contacto con Rennenkampf y proceder a la retirada hacia otras posiciones en la retaguardia alemana. En ese momento, las tropas de von François estaban demasiado comprometidas en la lucha como para efectuar una retirada sin correr el riesgo de que dicha retirada se tradujese en una desbandada general y, de todos modos, von François tampoco tenía la más mínima intención de respetar las órdenes recibidas. Ha pasado a la Historia la respuesta que dio al emisario que le transmitía las órdenes de Prittwitz: «¡El general von François se retirará cuando haya derrotado a los rusos!.»

Cuando todavía el resultado de la batalla era incierto, von François lanzó una ofensiva de gran envergadura en toda la línea de batalla, infligiendo una grave derrota a los rusos, que sufrieron 5.000 muertos y 3.000 prisioneros. Mientras las tropas rusas retrocedían al otro lado de la frontera para restañar sus heridas, von François obedeció finalmente las órdenes de Prittwitz y se retiró unos 20 kilómetros hacia el oeste, tomando posiciones en los alrededores de Gumbinnen, donde poco después se produciría la batalla de Gumbinnen.

Imagen:Frente del este, del 17 al 23 de agosto de 1914

jueves, 30 de septiembre de 2010

Batallas de la primera guerra mundial


La Batalla de Sarikamis (a veces escrito Sarikamish, Sarıkamış en turco) fue la primera y mayor batalla de la Campaña del Cáucaso de la Primera Guerra Mundial, en la que las tropas del Imperio Ruso cosecharon una apabullante victoria sobre las tropas del Imperio Otomano. Debido al gran número de soldados otomanos que perdieron la vida (en su mayoría congelados durante la retirada, pues la batalla tuvo lugar en pleno fin de año), los turcos se refieren a este suceso como Sarıkamış Faciası, el "Desastre de Sarikamis".

En el momento de producirse la batalla, las luchas entre los imperios turco y ruso se remontaban casi 300 años atrás. A partir del siglo XVIII los rusos habían expulsado lentamente a los turcos de Ucrania y Crimea y durante el siglo XIX habían proseguido su avance hacia el Cáucaso y los Balcanes, donde habían recabado el apoyo de otras potencias para instalar una serie de nuevas monarquías independientes que los zares pensaban poner bajo su tutela. La última de las guerras entre Constantinopla y Petrogrado había tenido lugar en 1878 y se había saldado, entre otras cosas, con la anexión rusa de la fortaleza de Kars y el puerto de Batum, al sureste del Mar Negro. Los rusos no ocultaban ya sus deseos de poseer algún día la ciudad de Constantinopla (objetivo que consideraban legítimo, pues se tenían por los únicos herederos de Bizancio) y conseguir una salida directa al Mar Mediterráneo.

Mientras tanto, el gobierno imperial otomano entró en una grave crisis que se agudizó entre 1912 y 1913 con la pérdida de las últimas posesiones africanas y balcánicas del Imperio. En ese momento se produjo un golpe de Estado que delegó el poder real en un triunvirato de pachás (İsmail Enver, Ahmed Djemal y Mehmed Talat), con el sultán Mehmed V reducido a una figura simbólica. Los tres pachás (entre los que tenía el liderazgo indiscutido İsmail Enver) trataron de establecer una alianza militar y política con el Imperio Alemán, la única potencia europea que en ese momento parecía tener la capacidad y voluntad necesarias para mantener a raya a los rusos y evitar que éstos se abalanzaran sobre lo que quedaba del Imperio Otomano en un futuro próximo.

Así, no es de extrañar que cuando se desencadenó la Primera Guerra Mundial en 1914, los turcos se posicionasen de inmediato junto a los alemanes y declarasen la guerra a los rusos, siempre con la recuperación de Kars y Batum como meta inmediata. El propio İsmail Enver decidió tomar el mando del ejército del Cáucaso y atacar la fortaleza de Kars en pleno invierno, a pesar de las objeciones de su consejero alemán, Otto Liman von Sanders.

Enver decidió movilizar el mayor contingente del Imperio, el Tercer Ejército Turco (que actualmente sigue en activo y es la mayor división de la moderna República de Turquía), compuesto en ese momento por 95.000 a 190.000 hombres. Sin embargo, la funesta decisión de atravesar los montes Allahüekber Dağları en pleno invierno y en medio de tormentas de nieve redujo su número a apenas 80.000 a 90.000 efectivos. El resto de los soldados (muchos de los cuales no eran turcos, sino kurdos y armenios) murieron de hipotermia por falta de ropas adecuadas para resistir el frío o desertaron con el fin de eludir el destino de sus compañeros.

Por su parte, el Ejército Ruso del Cáucaso contaba en la zona con unos 100.000 soldados, aunque el número que se presentó a la batalla pudo ser bastante menor debido a que los rusos, juzgando el frente caucásico como secundario, habían transferido algunos contingentes al Frente Oriental con el fin de enfrentarse a los alemanes y austrohúngaros. Al mando de las tropas se encontraba el veterano General Nicolai Yudenich, que demostraría su profunda valía y experiencia no sólo en la Gran Guerra, sino también en la Guerra Civil Rusa.

A mediados de diciembre, Enver entró en el Cáucaso a través de Armenia y dividió a sus tropas en múltiples contingentes de pequeño tamaño, cada uno de los cuales tomaría su propia ruta y se reuniría con el resto en Sarikamis. Esta estrategia fue duramente criticada por von Sanders, pero Enver lo ignoró por completo. Lo mismo hizo Yudenich con su inmediato superior, el gobernador ruso del Cáucaso Illarion Vorontsov-Dashkov, quien le había ordenado retroceder a Kars para reforzar las defensas de la plaza. En su lugar, el general ruso prefirió quedarse en Sarikamis y esperar la llegada de los turcos.

Las divisiones otomanas perdieron el contacto entre sí durante el viaje y llegaron en diferentes tandas a Sarikamis entre el 29 de diciembre de 1914 y el 3 de enero de 1915, lo que les restó efectividad. Un ataque inicial, llevado a cabo por las primeras divisiones que llegaron, logró tomar los barracones situados al oeste de la ciudad, pero las fuerzas turcas fueron forzadas a retroceder de inmediato. En los días siguientes las unidades más retrasadas se dedicaron a atacar a los rusos según iban llegando al lugar de la batalla, sin la menor coordinación entre sí o con quienes habían llegado previamente, lo que permitió a los rusos repelerlas una por una. Este desorden fue lo que inclinó la balanza decisivamente del lado ruso, pues, aunque los turcos consiguieron algunos de sus objetivos, éstos no pudieron mantener ninguno de ellos por encontrarse completamente agotados. El 4 de enero, finalmente, el ejército otomano levantó el informal asedio y retrocedió de forma completamente desordenada.

El número de otomanos que perdieron la vida durante el traslado, batalla y retirada no es seguro, como tampoco lo es el número real de éstos que llegaron a participar en la misma debido al gran número de efectivos que se perdieron por el camino. Según fuentes turcas, las bajas fueron de 60.000 a 90.000, aunque otros llegan a elevarlas hasta muy por encima de 150.000. En su mayor parte los soldados murieron por congelación o atacados por la espalda por los rusos durante la retirada. El resultado fue una extraordinaria derrota para los turcos, que perdieron en esta empresa más hombres que en ninguna otra batalla de la Primera Guerra Mundial. Sarikamis fue más tarde descrita por un oficial alemán destinado en Turquía como "un desastre sin parangón en la historia militar por su rapidez y completitud".

Por su parte, los rusos perdieron unos 35.000 hombres (según fuentes turcas) y el General Yudenich fue ascendido a Comandante del Ejército del Cáucaso. La brecha abierta en las líneas otomanas fue aprovechada durante el verano de 1915 para realizar una serie de incursiones en territorio otomano, que llegaron a alcanzar Erzincan y el lago Van.

Enver dejó el mando de las tropas en manos del General Hafiz Hakki y regresó a Estambul, donde asumió brevemente el mando de las tropas desplegadas en Tracia antes de entregarlo a Otto Liman von Sanders en vísperas de la Batalla de Gallípoli. En mayo de 1915 comenzó a responsabilizar públicamente a los armenios de la derrota, acusándoles de cooperar con los rusos y atacar las líneas de suministro otomanas. Esta acusación sería la piedra angular del futuro Genocidio Armenio.

Imagen: Caballería kurda del Ejército Otomano en el Cáucaso a comienzos de 1915, según una fotografía publicada por el New York Times.