Durante la Batalla de Caporetto del 24 de
octubre de 1917
hasta el 9 de noviembre del mismo año, los italianos perdieron 300.000 hombres
entre desaparecidos, capturados y muertos. Esto forzó a que el comandante
supremo italiano el General Luigi
Cadorna fuera destituido y en su lugar fue nombrado el General Armando Diaz.
Diaz organizó nuevamente las tropas, bloqueó el avance enemigo y estableció
una línea de frente estable en el río Piave. Ahí recibió
refuerzos y provisiones para enfrentar el ataque que según la inteligencia
italiana los austriacos realizarían pronto, pero no fue así: solo hubo
enfrentamientos ligeros entre las avanzadas de ambos ejércitos. El combate
principal no ocurrió hasta dentro de un año, el 23 de octubre
de 1918.
Los italianos recibieron más de 270.000 hombres, así que
pronto se hicieron muy superiores a los austriacos, que solo contaban con
330.000 soldados. El número de tropas italianas subió de 10.000 a casi 370.000 el
23 de noviembre, pues Diaz recibió el apoyo adicional del Octavo y el Duodécimo
ejércitos provenientes de Verona.
El ejército italiano cruzó el río Piave y atacó las
posiciones de vanguardia austriacas, arrollando por completo a dos divisiones
enemigas. El avance aquel día 23 de octubre llegó hasta Trento pero fue
detenido por unos cuantos días por el fuerte atrincheramiento de los austriacos
y su artillería pesada apostada a las afueras de Trento que empezó a hacer
estragos en la población civil y en los soldados italianos.
El general Rodolfo
Graziani, jefe del duodécimo ejército italiano, atacó el día 1 de
noviembre al grueso de las trincheras austriacas, logrando penetrar con carros
de combate blindados y posteriormente capturar dos piezas de artillería pesada,
así el ejército austrohúngaro quedo dividido en dos, situación que aprovechó
Diaz para mandar un ataque por el sur, logrando bloquear la retirada de sus
enemigos, causándole muchas bajas.
Finalmente, el 2 de noviembre, el mariscal de
campo Svetozar Boroevic Von Bojna ordenó la retirada hacia
territorio austrohúngaro, dejando a merced de los italianos a 300.000 soldados
que se rindieron.
La derrota en esta batalla del ejército de Austria-Hungría,
significó el desmembramiento del Imperio y la derrota también de Alemania, que
se vio imposibilitada de abrir otro frente al Sur, pues todas sus tropas
estaban concentradas en Francia al Oeste y en la actual Polonia al Este.
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